Casualidades de la vida

Un día cualquiera, entras en la web de tu gimnasio para poner al día tus pagos y te creas, por qué no, ya que estás, un perfil. “Puede ser una forma de conocer gente con la que ir a body pump o salir a correr” te dices…

Cualquier día recibes un correo del que decides pasar y el día menos pensado, decides contestar ese mensaje “Pobre. Me sabe mal” y entablar una inocente conversación.

Un día cualquiera, descubres que, aquel con el que te escribes es amigo del amigo de tu amiga y decides darle la oportunidad de sentarse frente a un café. “No es un desconocido. Es amigo del amigo de mi amiga…

Con los días, los mensajes van dando paso a whatsapps y éstos a cenas, copas, fines de semana, sensaciones, escalofríos…

El día menos pensado, ves más allá de la fachada y decides abrir un poco la puerta de la ilusión. “Pero sólo un poco. No sea que me equivoque…

Cuando menos te lo esperas, das gracias a la casualidad {no al destino} y te alegras de no haber dejado que ese mensaje quedase en la bandeja de “recibidos y olvidados“. Y te preguntas “y si no hubiese llegado a contestar ese correo?” Nada hubiese sido como es ahora. O si? Al fin y al cabo, fue casualidad…

Tras muchos días cualesquiera, el día que toca, te ves embalando cajas, cerrando maletas y construyendo un hogar para dos.

Cuando menos te lo esperas, te has enamorado del amigo del amigo de tu amiga. Es “él”, es quien te hace feliz.

San Valentín es lo de menos. “Lo de más” son los días cualquiera. Ésos son los que hay que celebrar.

LadyLuck

Esa extraña sensación

Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que ya ni me acordaba de cómo se sentía. Tanto que, ahora, me suena a cosa de niños. “Es mi novio“. Se me hace muy raro decirlo y cuando lo pienso siento hormigueos y escalofríos, como si no fuera conmigo.

Esa sensación de reboso. De no saber qué, pero saber que rebosas.

Tengo tantas ganas de tanto… De hacer de todo y no hacer nada. De ir hasta el último rincón del mundo y de quedarnos acurrucados en la esquina del sofá. De hablar de todo y de no decirnos nada. De pasar la noche en vela, susurrando, y de dormir abrazada. De aprender y desaprender. De vivir experiencias nuevas y de dejar el pasado atrás (que para eso es pasado). De planear y de improvisar. De reír, correr, saltar, cantar, brincar… y de tumbarnos a la bartola. Tengo ganas de verano y de Navidad. De idas y venidas. De llamadas y de whatsapps. De dar mimos y de que me cuiden (sé que suena repipi… pero es lo que hay!). De innovar y de seguir nuestras costumbres. De conocer y olvidar.

Tengo ganas de todo y de tanto… pero sólo con uno.