Casualidades de la vida

Un día cualquiera, entras en la web de tu gimnasio para poner al día tus pagos y te creas, por qué no, ya que estás, un perfil. “Puede ser una forma de conocer gente con la que ir a body pump o salir a correr” te dices…

Cualquier día recibes un correo del que decides pasar y el día menos pensado, decides contestar ese mensaje “Pobre. Me sabe mal” y entablar una inocente conversación.

Un día cualquiera, descubres que, aquel con el que te escribes es amigo del amigo de tu amiga y decides darle la oportunidad de sentarse frente a un café. “No es un desconocido. Es amigo del amigo de mi amiga…

Con los días, los mensajes van dando paso a whatsapps y éstos a cenas, copas, fines de semana, sensaciones, escalofríos…

El día menos pensado, ves más allá de la fachada y decides abrir un poco la puerta de la ilusión. “Pero sólo un poco. No sea que me equivoque…

Cuando menos te lo esperas, das gracias a la casualidad {no al destino} y te alegras de no haber dejado que ese mensaje quedase en la bandeja de “recibidos y olvidados“. Y te preguntas “y si no hubiese llegado a contestar ese correo?” Nada hubiese sido como es ahora. O si? Al fin y al cabo, fue casualidad…

Tras muchos días cualesquiera, el día que toca, te ves embalando cajas, cerrando maletas y construyendo un hogar para dos.

Cuando menos te lo esperas, te has enamorado del amigo del amigo de tu amiga. Es “él”, es quien te hace feliz.

San Valentín es lo de menos. “Lo de más” son los días cualquiera. Ésos son los que hay que celebrar.

LadyLuck

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La cruda realidad

Llevo toda la semana acordándome de mi amiga Aventurer@ Sentimental. Resulta que he descubierto {muy a mi pesar} que la prueba irrefutable de que estamos enamorados es, no sólo escuchar tres canciones seguidas de Pablo Alborán, sino además, cantarlas a grito pelao‘ desde el minuto 1!!

Y yo me pregunto: “quenecesidá?!”. En mi defensa diré que sólo ha pasado una vez, mientras trabajaba {estar sola en la oficina a veces hace desvariar…}, que fue inconscientemente y sin reconocerme tras descubrirme. Pero, aún y así… “quenecesidá???”

Qué ha pasado con mis batallas contra las canciones ñoñas a guitarra? Yo, que siempre he sido más de “How dare you say that my behavior is unacceptable”

Estoy mutando? Estoy mutando!

Yo, que iba al gym cuatro veces {mínimo} por semana, en vez de dos. Que cuando me compraba algún vestido, la única duda que podía tener era: “gustará?”, en vez de: LE gustará?”. Que era de Kenzo, en vez de Carolina Herrera. Que los domingos madrugaba para ir a la playa con mi perro, en vez de quedarme en la cama viendo programas tipo “mira como he decorado mi casa mega-grande y super-estupenda“… pequeñeces si lo comparamos con mis duetos junto a Pablo Lloricarán.

No entra en mis planes llegar al nivel de novialapa {24h/día, 7días/semana} pero, por favor, que alguien me tire un cubo de agua helada si digo que no a una Ladies Night!

Aaaaaaarg que mal nos sienta el amor a algunas… y lo bien que nos sienta!!! :D

Esa extraña sensación

Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que ya ni me acordaba de cómo se sentía. Tanto que, ahora, me suena a cosa de niños. “Es mi novio“. Se me hace muy raro decirlo y cuando lo pienso siento hormigueos y escalofríos, como si no fuera conmigo.

Esa sensación de reboso. De no saber qué, pero saber que rebosas.

Tengo tantas ganas de tanto… De hacer de todo y no hacer nada. De ir hasta el último rincón del mundo y de quedarnos acurrucados en la esquina del sofá. De hablar de todo y de no decirnos nada. De pasar la noche en vela, susurrando, y de dormir abrazada. De aprender y desaprender. De vivir experiencias nuevas y de dejar el pasado atrás (que para eso es pasado). De planear y de improvisar. De reír, correr, saltar, cantar, brincar… y de tumbarnos a la bartola. Tengo ganas de verano y de Navidad. De idas y venidas. De llamadas y de whatsapps. De dar mimos y de que me cuiden (sé que suena repipi… pero es lo que hay!). De innovar y de seguir nuestras costumbres. De conocer y olvidar.

Tengo ganas de todo y de tanto… pero sólo con uno.

“Tu problema es que no sabes estar sola” – Tu crees?

No necesito a un hombre para manejar un taladro, ni para pintar un piso entero. No soy de las que acuden corriendo a que su chico les abra el tarro de mostaza. Trasteando he aprendido que, si mi pc se pone tonto, existe la función de “restauración“. Si no llego a la última estantería, me subo a la escalera, y si me pierdo, pregunto! He puesto estanterías –rectas!-, he montado muebles –de Ikea!– y he “reconstruido” un horno, sin más ayuda que mis manos.

No me gusta que me inviten a todo. No pienso renunciar a las “Ladies nights“. No muero de ansiedad si, la mañana siguiente a una cita, no tengo un “Buenos días princesa“. Para ir de compras, mejor ir sola. No busco sentarme en un VIP, prefiero bailar en el “barro”. No se me caen los anillos, entre otras cosas, porque no llevo.

Si me apetece ir a la playa, voy, y quien quiera venirse, que se venga! No he de buscar al “gorila” de turno en la discoteca para que espante a los “buitres”, yo solita me basto, para eso tengo mi genio. El pánico no se apodera de mí cuando recibo una invitación de boda y no hay un “+1”.

Podía haber acabado con alguno que otro, dispuesto a entregarme hasta la luna, a bailarme el agua y a comprar un caballo si yo lo pedía. Pero los loros de repetición que dice “” a todo, no me van. He renunciado a estar con aquellos que se pegaban a mi 24h/día, 365 días/año, que me regalaban rosas todos los “Sant loquefuese“, que me organizaban “días dedicados” y que me besaban como si les fuera la vida en ello.

No tengo miedo a discutir, al “NO”, a llevar la contraria, ni a decir lo que pienso. No busco un “Sí” a todo, ni un “Lo que tu quieras“, es más, lo evito! Pondría mar y tierra de por medio si, al mes de estar con alguien, éste me declarase amor eterno. No me fío de los “Te quiero” precipitados y sospecho de los efusivamente cariñosos y entregados. Nunca creí que la pareja perfecta fuese aquella que no discute.

No puedo evitarlo.

Confieso ser una enamorada de las conversaciones susurradas a la hora de dormir. Echo de menos esa odiosa sensación que te remueve las entrañas después de una discusión. Me encanta despertar con el cosquilleo de una caricia. Tirar de la colcha porque está toda en el otro lado de la cama o desvelarme a media noche sudando como un pollo, pero acompañada.

Sentir que reboso, no sé qué, pero que reboso. Compartir las buenas noticias al instante y esperar consejo. Tropezar en la cocina y que se me ponga la piel de gallina porque su mano ha rozado mi cintura. Que me lleven a cenar sin saber a dónde. Adoro el sonido del despertador cuando suena una hora antes y remoloneamos en la cama. No soporto que entren en el lavabo mientras me ducho, pero me encanta que lo hagan!

No me molesta sentirme como una niña pequeña entre los brazos de alguien, cuando me explican algo que no logro entender o si me echan regañinas por alguno de mis despistes. Que me besen sólo porque saben que pueden y que hagan bromas sobre mí para que el resto del grupo sepa que estamos juntos.

No puedo evitarlo.

Si eso es no saber estar sola, entonces sí, no sé estar sola.

LadyLuck