“Tu problema es que no sabes estar sola” – Tu crees?

No necesito a un hombre para manejar un taladro, ni para pintar un piso entero. No soy de las que acuden corriendo a que su chico les abra el tarro de mostaza. Trasteando he aprendido que, si mi pc se pone tonto, existe la función de “restauración“. Si no llego a la última estantería, me subo a la escalera, y si me pierdo, pregunto! He puesto estanterías –rectas!-, he montado muebles –de Ikea!– y he “reconstruido” un horno, sin más ayuda que mis manos.

No me gusta que me inviten a todo. No pienso renunciar a las “Ladies nights“. No muero de ansiedad si, la mañana siguiente a una cita, no tengo un “Buenos días princesa“. Para ir de compras, mejor ir sola. No busco sentarme en un VIP, prefiero bailar en el “barro”. No se me caen los anillos, entre otras cosas, porque no llevo.

Si me apetece ir a la playa, voy, y quien quiera venirse, que se venga! No he de buscar al “gorila” de turno en la discoteca para que espante a los “buitres”, yo solita me basto, para eso tengo mi genio. El pánico no se apodera de mí cuando recibo una invitación de boda y no hay un “+1”.

Podía haber acabado con alguno que otro, dispuesto a entregarme hasta la luna, a bailarme el agua y a comprar un caballo si yo lo pedía. Pero los loros de repetición que dice “” a todo, no me van. He renunciado a estar con aquellos que se pegaban a mi 24h/día, 365 días/año, que me regalaban rosas todos los “Sant loquefuese“, que me organizaban “días dedicados” y que me besaban como si les fuera la vida en ello.

No tengo miedo a discutir, al “NO”, a llevar la contraria, ni a decir lo que pienso. No busco un “Sí” a todo, ni un “Lo que tu quieras“, es más, lo evito! Pondría mar y tierra de por medio si, al mes de estar con alguien, éste me declarase amor eterno. No me fío de los “Te quiero” precipitados y sospecho de los efusivamente cariñosos y entregados. Nunca creí que la pareja perfecta fuese aquella que no discute.

No puedo evitarlo.

Confieso ser una enamorada de las conversaciones susurradas a la hora de dormir. Echo de menos esa odiosa sensación que te remueve las entrañas después de una discusión. Me encanta despertar con el cosquilleo de una caricia. Tirar de la colcha porque está toda en el otro lado de la cama o desvelarme a media noche sudando como un pollo, pero acompañada.

Sentir que reboso, no sé qué, pero que reboso. Compartir las buenas noticias al instante y esperar consejo. Tropezar en la cocina y que se me ponga la piel de gallina porque su mano ha rozado mi cintura. Que me lleven a cenar sin saber a dónde. Adoro el sonido del despertador cuando suena una hora antes y remoloneamos en la cama. No soporto que entren en el lavabo mientras me ducho, pero me encanta que lo hagan!

No me molesta sentirme como una niña pequeña entre los brazos de alguien, cuando me explican algo que no logro entender o si me echan regañinas por alguno de mis despistes. Que me besen sólo porque saben que pueden y que hagan bromas sobre mí para que el resto del grupo sepa que estamos juntos.

No puedo evitarlo.

Si eso es no saber estar sola, entonces sí, no sé estar sola.

LadyLuck

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Un comentario en ““Tu problema es que no sabes estar sola” – Tu crees?

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